Mushroom Atlas

El hongo negro del abedul: Chaga

Una excrecencia extraña y poco atractiva, de color pardo azulado oscuro, casi negro, agrietada y fisurada, de 40–50 cm de diámetro, de forma irregular y en absoluto parecida a una seta, que a veces llega a pesar 5 kg o más. Crece en abedules vivos, más raramente en alisos, serbales u otros árboles. Sin un hacha o un cuchillo de leñador no se puede desprender ni arrancar; solo se puede desmenuzar su superficie. Solo en casos muy raros se consigue desprender una parte mayor o menor, un fragmento. Este hongo fue observado y descrito por los micólogos hace casi 200 años.

En los árboles crecen otras excrecencias de diverso origen, y este hongo se confunde a menudo con ellas. La mayoría de la gente lo conoce: es el hongo negro del abedul, el políporo oblicuo (Inonotus obliquus (Pers.) Pilat), también llamado «Chaga».

Se cree que cura todas las enfermedades. Este hongo extendido, leñoso y nudoso es perenne, y su aspecto está muy influido por el sol, la lluvia y el viento. La naturaleza dotó a los «chagas» de propiedades curativas, distinguiéndolos así de otros políporos. Esta intrincada parte del hongo está formada por capas irregulares con estrías transversales y, lo más importante, no forma ni produce esporas. Es una forma estéril del políporo oblicuo. En Lituania solo se conocen unas pocas localidades de la forma no estéril del políporo oblicuo, pero el «chaga» (la forma estéril) es bastante común y puede encontrarse en muchos abedulares. Así que, al ir al bosque a buscar el milagroso «chaga», uno puede equivocarse y cortar algún otro hongo yesquero; estos se ven a menudo en los puestos del mercado. Por otra parte, es posible encontrar «chaga» auténtico en el mercado, pero puede ser viejo y no valer nada. El «chaga» no es un hongo tan milagroso, aunque es más valioso que otros hongos yesqueros.

El primero en interesarse por las propiedades bioquímicas y medicinales de este hongo fue el prof. Dragendorff, de la Universidad de Tartu, ya en 1864. No encontró nada especial y no siguió estudiando el hongo. Tampoco hubo estudios más profundos en otros países. Solo 100 años después, en 1964, el instituto de medicina de San Petersburgo (entonces Leningrado) retomó la investigación de este hongo y se interesó por sus propiedades medicinales. El instituto estableció que este hongo yesquero es extraordinario: contiene muchas sustancias biológicamente activas – hasta un 19 por ciento de potasio y sodio, un 2,45 por ciento de óxido de magnesio, un 1,88 por ciento de óxido de calcio y muchos pigmentos que contienen sustancias fenólicas, oxifenol-aldehídicas, ácidos orgánicos y otras sustancias.

Al parecer, estas sustancias están debidamente equilibradas y calman el sistema nervioso central, mejoran el metabolismo y fortalecen el sistema inmunitario. Muchos empezaron a considerar milagroso este hongo, pero ni la ciencia ni la práctica han confirmado todavía poderes extraordinarios. A pesar de todas las dudas, han aparecido preparados como el befungin y el bin-chaga. El hongo molido se recomienda para tratar ciertas enfermedades del aparato digestivo, pero cuando la enfermedad está avanzada, sobre todo si es oncológica, el «chaga» es impotente, aunque a algunos pacientes les proporciona alivio e incluso les prolonga la vida. El hongo negro del abedul no solo se utiliza en medicina: se ha intentado emplearlo para mejorar el pienso de modo que estimule el crecimiento del ganado, sobre todo de los lechones.

Para medicamentos y pienso solo se utiliza el hongo que crece en los abedules. No se utilizan los «chagas» que crecen en alisos, serbales, carpes ni en la base de abedules viejos. Estos hongos pueden recogerse durante todo el año, pero son más valiosos en invierno y primavera. En esa época contienen la mayor cantidad de sustancias biológicamente activas. Se pueden buscar «chagas» en el bosque incluso el día de invierno más frío. Para secarlo, el hongo se corta en trozos de 4x5 cm. No soporta temperaturas superiores a 60 °C, por lo que se seca a una temperatura no superior a 50 °C. Sus sustancias activas se conservan solo 3–4 meses, por lo que no es aconsejable comprar estos hongos en el mercado, ya que no se sabe cuándo se recogieron, a qué temperatura se secaron ni en qué árboles crecieron, y a veces se vende directamente algo distinto de este hongo. El «chaga» seco y triturado se guarda en recipientes herméticos en un lugar seco, protegido de la humedad y del moho.

Una infusión de este hongo, que contiene gran cantidad de sustancias activas, se utiliza para tratar la gastritis crónica, las úlceras gástricas y duodenales y las hemorroides; la infusión activa la actividad de las enzimas hepáticas. Antes de utilizar el «chaga», incluso de forma preventiva como té, es imprescindible consultar a un médico.

Recientemente se buscan formas de propagar artificialmente este hongo, ya que sus recursos naturales son escasos. Además, las cortas sanitarias en los abedulares reducen aún más las existencias de «chaga», mientras que su búsqueda va en aumento.